La vivencia de la diversidad en las culturas andinas…

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La vivencia de la diversidad o la interculturalidad como denominan algunos en el mundo andino es reconocido y respetado a través de la crianza, Grimaldo Rengifo un investigador peruano, desde hace varios años junto con otros(as) compañeros(as), vienen acompañados de iniciativas de vigorización cultural de su país y desde ese caminar colaborar con las comunidades, nos amplía el sentido y el significado que tiene la crianza para los(as) andinos(as):

“La crianza es el vínculo, el lazo que relaciona y anuda a cada uno de los seres que pueblan el tejido comunitario. Criar en quechua es uyway, y uywa lo criado. Criar es cuidar, cultivar, amparar, proteger, anidar, ayudar, asistir, alimentar, dar de mamar, sustentar, mantener, encariñarse, dar afecto, conversar, cantar, arrullar……….

Criar en el sentido de la palabra uywa no es una acción que va de un sujeto activo a otro pasivo, ni es vivenciado como una relación jerárquica. Se trata de una conversación afectiva y recíproca entre equivalentes, entre iguales. En los Andes es común escuchar a las campesinas decir: “así como crío esta papa, ella me cría”. La papa no sólo es criada, sino que es vivenciada ella misma como criadora de los humanos. Como todos crían, la crianza es una relación de servicio y conversación recíproca. Por eso es que al criar también soy criado. La relación deviene así en un encuentro de criadores para regenerar la vida, en una sintonía afectiva, una empatía que estimula la emergencia del cariño por el otro. La armoniosidad que se logra cuando florece un maizal, expresa la simbiosis surgida del encuentro pleno entre los criadores, sean éstos humanos, pachamama o aguas. Sin embargo, no es una armoniosidad para toda la vida, sino de esa y para esa circunstancia, y por eso no tiene la pretensión de ser para todo tiempo y lugar. De este modo, la interculturalidad se halla en la vivencia misma, del mundo andino, si por interculturalidad entendemos la crianza mutua y en equivalencia entre dos o más formas de vida. En ese sentido la interculturalidad, no es algo nuevo para el poblador andino, sino su modo de vida.”

Esta manera de vivenciar la diversidad desde el mundo andino, nos coloca otra perspectiva en la reflexión de la interculturalidad, mucho más compleja, sin duda, pero profundamente enriquecedora. Nos desafía a re-pensar nuestras relaciones con l@s otr@s distint@s; sin fanatismos falsos de pretender armonías perfectas, pero también más allá del poder que oprime, que anula; permitirse el brote del encuentro, para cultivar la vida buena, dirían nuestros abuelos y abuelas.